Reportajes de la historia, de Martin De Riquer

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Esta obra pretende ofrecer al lector una serie de acontecimientos ocurridos en la historia y descritos por testigos directos. En esto reside la intención y la originalidad de la obra que, por lo que sabemos, no cuenta con precedentes de tanta amplitud geográfica y cronológica. Las ciento cincuenta y tres narraciones que comprende afectan a todos los continentes y a veintiséis siglos de historia de la humanidad, concretamente desde el verano del año 430 antes de Jesucristo, cuando sobre Atenas cayó una terrible epidemia, hasta el año 2003 , en que el presidente George Bush declaró la guerra a Irak. La importancia o la trascendencia de los ciento cincuenta y tres relatos aquí reunidos es muy diversa, pues van desde la pasión y muerte de Jesucristo, la conquista de Jerusalén por los cruzados, la llegada de Colón a América, la batalla de Lepanto, la toma de la Bastilla o la liberación de París hasta sucesos de ámbito menor, como la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya, las declaraciones de un templario procesado, las heroicidades de un Suero de Quiñones o de un García de Paredes, el informe médico sobre la melancolía de Fernando VI, sobre la muerte de Zumalacárregui, o incluso el asombro que produjo a la sociedad de París un toledano incombustible. Los autores de estas narraciones fueron forzosamente, como nos hemos impuesto, testigos directos de lo que relatan. Solamente hemos hecho una excepción, que consideramos plenamente justificada: la de la muerte de Sócrates, que aparece descrita por su discípulo Platón, quien materialmente no estuvo a su lado cuando el sabio bebió la cicuta, pero que se informó detalladamente de ello por los amigos que presenciaron tan histórico trance. En cuanto a su condición, los autores de los que hemos tomado fragmentos son de gran diversidad, pues van del cronista profesional que escribe la historia hasta el periodista que envía una crónica a su diario. Por otra parte, algunos de nuestros narradores son, precisamente, los propios protagonistas o héroes del hecho, como Julio César narrando sus campañas, Jaime el Conquistador describiendo la conquista de Mallorca, Cristóbal Colón anotando los mínimos detalles de su llegada a América, Manuel Godoy explicando, a su manera, el motín de Aranjuez, Adolfo Suárez explicando la complejidad de la transición española o Mijaíl Gorbachov describiendo el hundimiento del sistema soviético. El lector no debe olvidar jamás que, por lo general, va a leer unas versiones parciales de ciertos hechos históricos. El autor está tan cerca de ellos y, las más de las veces, tan comprometido con lo que narra, que forzosamente se ha de mostrar parcial, aunque haga todo lo posible por ser ecuánime y objetivo. Por esta razón a veces hemos incluido dos o tres relatos de dos o tres autores que vivieron el mismo acontecimiento, lo que no deja de ofrecer cierta curiosidad cuando testigos lo ven desde diferente bando o actitud. No obstante, la falta de objetividad no quita valor al relato, pues por su condición de testimonio inmediato y directo nos transmite una serie de valores, de detalles y de impresiones que en vano buscaríamos en el mejor y más sereno historiador que se hallara alejado del hecho.

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